martes, 18 de agosto de 2026

La primera mujer


           Kirabo, la joven protagonista de La primera mujer, nace y crece en Nattetta, un pueblo de Uganda, en la casa de sus abuelos. Ese entorno protegido que comparte con el clan familiar traza el mapa emocional de su infancia, marcado por la ausencia de su madre, una herida silenciosa que la impulsa a preguntar y a imaginar. Y aunque la familia intenta retenerla, Kirabo emprende una búsqueda que la lleva hasta Nsuuta, bruja del pueblo y guardiana de muchos otros secretos.

          A través del contacto con la anciana, Kirabo descubre que la rebeldía que arde en su interior es el legado de ‘la primera mujer’, aquella que fue libre y completa; un arquetipo femenino originario, indómito y temido por una sociedad que ha domesticado los cuerpos y las voces de las mujeres.

          En esta crónica multigeneracional, íntima, divertida y conmovedora, Jennifer Nansubuga Makumbi explora con brillantez temas como la maternidad, la fuerza del clan, la colonización o la libertad, y nos muestra cómo la sabiduría femenina del pasado resuena en el presente y proyecta su eco hacia el futuro.



Jennifer Nansubuga Makumbi nació en Kampala, Uganda. Estudió en su país y más tarde se trasladó a Reino Unido, donde continuó su formación y desarrolló su trayectoria literaria. Su primera novela, Kintu (Kwani Trust, 2014), fue elogiada por su uso de la tradición oral y su capacidad para articular la historia ugandesa desde una perspectiva íntima y coral.

Más adelante publicó su primera colección de cuentos, Manchester Happened (Oneworld, 2019). Con La primera mujer (The first woman, Oneworld, 2020), que hoy traducimos, ganó el prestigioso Jhalak Prize en el año 2021.

Reside en Manchester, donde imparte clases de Escritura Creativa en la Universidad Metropolitana y participa en proyectos literarios y académicos vinculados a la literatura africana y poscolonial.

sábado, 8 de agosto de 2026

La Odisea

 


Nada se opone a la noche

 


Después de encontrar a Lucile, su madre, muerta en misteriosas circuns­tancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías toma­das durante años, la crónica de George, abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria de los Poirier. 

            Nos halla­mos ante una espléndida, sobrecogedora crónica familiar en el París de los años cincuenta, sesenta y setenta, pero también ante una reflexión en tiempo presente sobre la «verdad» de la escritura. En el transcurso del viaje de la cronista al pasado de su familia y a su propia infancia, irán aflorando los secretos más oscuros. 

           Para la autora, escribir sobre su ma­dre es cerrar heridas abiertas muchos años atrás, y recuperar la novela familiar es emprender un camino de catarsis y de superación del duelo, a la manera de Roland Barthes en sus escritos póstumos. Pero es también un ejercicio de alto riesgo, puesto que en el curso de esa investigación expone ante los miembros de su familia, como si ellos no fueran más que lectores anónimos en la multitud, su propio secreto más terrible.